Autor: Pastor Pablo García Rubio
Adiós amigo y compañero. Juntos hemos recorrido un camino de más de cincuenta años. Llegaste muy joven a la casa de mis padres en Barcelona, donde residíamos los estudiantes de Teología. Éramos un grupo compacto (Carlos, Julián, Moises y tu, Samuel) que compartíamos alegrías e ilusiones, sonando el futuro de nuestro ministerio pastoral. Hemos llegado a la meta de nuestro recorrido y a mi me habéis dejado todavía en este mundo para dar testimonio de vuestro paso.
Tu buen humor siempre constante, cada vez que nos encontrábamos en alguna Pastoral o Sínodo Nacional. Nunca nos faltó tema de conversación, unas veces compartiendo preocupaciones, que nunca faltaron, y otras alegrías del trabajo bien hecho en cada uno de los lugares donde fuimos destinados a trabajar.
En los principios tuyos como estudiante, en Barcelona, estuviste junto al pastor D. Pedro Giménez, de grata memoria como siervo de Dios. En una iglesia tan pequeñita tu vozarrón resonaba por todos los sitios, como tus francas risas que contagiabas a todos los que estaban a tu lado. Queda con nosotros tu carácter alegre y bonachón.
Nacido en Málaga, hijo del evangelista Pimentel y nieto del pastor de mismo nombre. Aunque malagueño por nacimiento, te naturalizaste extremeño donde contrajiste matrimonio con Mary, y ejerciste como pastor en Badajoz y Mérida, Miajadas, durante muchos años, sustituyendo al pastor Jose Morales.
Cuando se requirieron tus servicios pastorales en la iglesia de Calatrava de Madrid, sustituyéndome a mi por causa de enfermedad, tomaste el timón de la misma, hasta tu jubilación, dejando un grato recuerdo en esa comunidad, donde seguiste colaborando después de jubilado en los trabajos de predicación y en los que te solicitaron, tanto en el Comercio Justo, como en otros.
Ahora, a muchos kilómetros de España, en Mozambique, he recibido la triste nueva de tu partida. Posiblemente el Señor necesita de ti para que con tu vozarrón vayas llamando a los que quedamos aquí. Estoy cierto que has ido a recibir la corona de gloria que te había sido prometida.
¡Cuantos recuerdos vienen a mi memoria, en estos momentos! En mi ultimo viaje a Madrid ya nos despedimos esperando encontrarnos un día en la presencia del Señor. Tu ya te has reunido con nuestros compañeros, alabando juntos al Señor de la Gloria.
A tu esposa Mary y a tus tres hijos, va mi cariño, sabiendo que el Señor nos dará el consuelo que anhelamos en estos momentos.
Un abrazo, amigo y compañero, y hasta que Dios quiera. Pablo
Pemba (Mozambique), 6 de marzo de 2010.