A propósito del Consejo Evangélico de Madrid

Iglesia Evangélica EspañolaEn pleno Adviento, tiempo de esperanza y pórtico de la Navidad, la Iglesia Evangélica Española (IEE), una de la iglesias protestantes más antiguas de España, recibió un “regalo” en forma de carta. La carta la remitía el Consejo Evangélico de Madrid (CEM), y la firmaban Jesús Manzano y Manuel Cerezo, presidente y secretario respectivamente de esa institución.

El “regalo” consistía en una invitación a nuestras comunidades locales madrileñas a retractarse de la Declaración de Mamré (publicada en mayo del presente año), ratificada por el último Sínodo de la Iglesia Evangélica Española. Una declaración donde el Sínodo de la IEE opta claramente por rechazar la homofobia en todas sus vertientes, acompañar pastoralmente a las personas LGTB y a sus familias, así como trabajar por su visibilización e integración en la iglesia. Pues bien, se les comunica que de no retractarse de lo expresado en dicho documento, se les abrirá un expediente de baja (expulsión) del Consejo Evangélico de Madrid.

La Iglesia Evangélica Española siempre se ha destacado por su respeto y defensa de la diversidad, la defensa de la libertad de conciencia, las libertades políticas, su diálogo con la sociedad contemporánea, atendiendo a su espíritu protestante. Nuestra iglesia se ha esforzado a través del tiempo en trabajar por construir un protestantismo unido, no en vano fue fundadora tanto de la Alianza Evangélica Española como de FEREDE, En aquellos tiempos, no tan lejanos, los protestantes españoles estábamos unidos en un profundo respeto a la diversidad teológica que nos era y es propia.

Hoy los tiempos han cambiado, y ¡cómo han cambiado! Hoy nuestras iglesias locales se ven amenazadas por aquellos que se llaman nuestros hermanos en Cristo (algunos de ellos fueron parte de nuestra iglesia en el pasado). Y se ven amenazadas por una institución como el CEM, que según reza su lema es “la casa común protestante”. Se les amenaza con la expulsión de “la casa común”. Nuestro pecado consiste en tomar partido a favor del ser humano, defender sus derechos dentro y fuera de las puertas de la iglesia (algo por otro lado, muy protestante). Nuestro pecado consiste en no estar apegados a la letra, sino al espíritu de las Escrituras, y haber perdido el miedo ante los que pretenden tener la Verdad (es decir a Jesús de Nazaret) presa en sus palacios invernales.

El pecado del CEM, de su Junta Directiva, es constituirse en un mal remedo de una conferencia episcopal plenipotenciaria sobre las convicciones y diversas identidades de sus iglesias miembro a expensas de los derechos-libertades que tanto el Evangelio como la misma Constitución española sanciona. La llamada “casa común protestante” está pisando sobre tierras movedizas, por un terreno muy delicado y peligroso.

¿Qué decir? Simplemente confesar que nuestra conciencia eclesial está presa de la Palabra de Dios. Dicho de otro modo, somos presos del mismo Cristo, de su forma de hacer y de su respeto por la dignidad del ser humano. Y no hay concilio, ni institución, ni dogma que esté por encima del Resucitado que sigue inspirando a su pueblo a través del Espíritu.

Vienen a nuestra memoria unas palabras del cantautor cubano Silvio Rodríguez tomadas de una de sus canciones que titula “El necio”:

Para no hacer de mi icono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares.
Me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
me vienen a convidar a indefinirme
…/…

Y como iglesia decimos ¡no! Seguiremos actuando como siempre hemos vivido, defendiendo la dignidad del ser humano, y luchando por sus derechos a la manera de Jesús de Nazaret. Nunca hemos impuesto nada a nuestros hermanos y hermanas, y tampoco queremos que por su parte se nos imponga nada. Siempre hemos respetado, y seguiremos respetando sus opiniones, aunque no las compartamos. Ni más, ni menos.

Por ello, tanto el CEM como nosotros mismos deberemos atenernos a las consecuencias de su amenaza de expulsión. Y en este momento es conveniente recordar lo que nos enseñó Jesús: “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar” (Lucas‬ 14:28-30‬). ‬‬ No es de gente sabia entrar en un jardín ajeno, y pensar que eso no será sin causar un profundo daño a la causa del Evangelio. Soli Deo Gloria

Comisión Permanente de la Iglesia Evangélica Española
29 de diciembre de 2015

Sobre Iglesia Evangélica Española

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La Iglesia Evangèlica Española, fundada en 1869, es miembro del Consejo Mundial de Iglesias, de la Conferencia de Iglesias Europeas, de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas y del Consejo Mundial Metodista.

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